La verdadera finalidad del Yoga es conseguir la presencia en el Yo profundo de uno mismo.


En Proyecto YOGEN empezamos por el cuerpo como puerta de acceso ese Yo profundo y hacemos que así sea una auténtica meditación. No es una preparación para la meditación: Es meditación.


Para ello añadimos también elementos del Zen (Proyecto YOGEN = Proyecto YOG zEN). Porque los impulsores de Proyecto YOGEN somos dos personas que llevamos practicando YOGA y Meditación ZEN a nivel avanzado durante:  más de 40 y 20 años, respectivamente.

¿QUÉ HACEMOS EN Proyecto YOGEN?

Proyecto YOGEN

Proyecto YOGEN

En Proyecto YOGEN, el Hatha Yoga es MEDITACIÓN

LUIS

OIHANA

Tumbado en el suelo con las manos debajo de la nuca y los codos en la esterilla, llevo las rodillas flexionadas hacia el lado derecho hasta que toquen el suelo, rodilla con rodilla y tobillo con tobillo. Una gran torsión en tórax y abdomen estira mi costado izquierdo. El estiramiento por este lado va desde el hombro, la axila y el pectoral izquierdo hasta el vientre. Soy consciente de que esa parte se estira. Soy consciente de que hay alguna leve contractura y de la huella de alguna vieja herida. Lo siento y no lo juzgo. Eso es mi cuerpo y lo siento. La percepción de mi cuerpo es un perfecto “estar aquí-ahora”. Si estoy en mi cuerpo, estoy “aquí-ahora”. Si no estoy en mi cuerpo … ¿dónde estoy? ¿En mis pensamientos? ¿En el torbellino de mi mente? El cuerpo es el primer anclaje con la realidad y el más sólido.

Se puede observar en muchas personas que empiezan a hacer Yoga y que aún no han dado el paso de entregarse de verdad a su práctica, que su mente no está en la atención a su cuerpo, sino en lo que acude constantemente a su mente, la cual no está acostumbrada a que se le deje de lado así de fácil. Un profesor experto lo nota perfectamente: La persona envuelta en su halo de pensamiento que va y viene tiene un aire de distracción, de perderse fácilmente en la postura, de no entenderla por mucho que se hayan dado instrucciones precisas, de quedarse demasiado o demasiado poco tiempo en ella.

En la postura de torsión soy perfectamente consciente de mi respiración: inspiro, exhalo, inspiro, exhalo… con calma, sin tratar de gestionar mi respiración, sin voluntarismos, ella “sabe hacerse sola”. Yo sólo la observo; la observo con toda mi atención que ahora es la que predomina: Atención a mi cuerpo y, sobre todo, atención a mi respiración. Es un escalón más en el estar aquí-ahora. Percibo con toda claridad que mi respiración se produce en el hemitórax izquierdo; el derecho está cerrado. Y con la atención en esa zona en la que vive la respiración, relajo y relajo en cada exhalación tranquila y consciente. Estoy entrando en estado de meditación, como luego detallaremos.

No es el Yoga una gimnasia. No es una gimnasia con respiración. No es, ni mucho menos, un juego de posturas más o menos acrobáticas. No es una técnica para  conseguir elasticidad y tonicidad muscular. Tampoco es una metodología para flexibilizar las articulaciones. Tampoco para conseguir una cierta calma mental. Es cierto que esos beneficiosos efectos, además de una mejora en la fisiología de órganos y glándulas, se producen como efecto colateral y no son despreciables en absoluto. Pero el efecto principal del Yoga es más profundo: Se trata de practicar el aquí-ahora con todo lo que eso conlleva de entrar en lo más hondo de nuestro ser y de nuestra más genuina realidad, que raras veces alcanzamos en esta sociedad en la que los estímulos externos y la superficialidad de acciones y relaciones nos obliga a estar siempre “fuera de nosotros mismos”. La vivencia en lo más profundo de nuestro ser es lo que, de verdad, nos puede proporcionar la paz y la serenidad verdaderas, un estado en el que la conexión con los estados llamados “místicos” se ha querido definir como “el cese del sufrimiento” en todas las tradiciones de la Humanidad. Pero el hecho es que nuestra realidad profunda sólo se encuentra en el silencio interior. Y nuestro silencio interior tiene una única puerta: nuestro propio estado aquí-ahora, deslindando nuestra atención de los constantes estímulos exteriores que nos llevan de superficialidad en superficialidad.

Patañjali, compilador del auténtico Yoga, a través de sus Yoga Sutras dice que “ásana” (Postura de Yoga, que es lo único que habitualmente se conoce al hablar coloquialmente de Yoga) es cualquier postura en la que se pueda permanecer inmóvil mucho tiempo. Ahí establecemos nuestra atención en la respiración y en el estar aquí-ahora.

La proliferación del Yoga en occidente durante las últimas décadas, ha producido la degeneración de esta tradición milenaria, convertida hoy día, en la mayoría de los casos, en una disciplina de mejora física con algunas implicaciones de orden psíquico, confusas y mal definidas. Se insiste mucho en la ganancia en elasticidad, flexibilidad y tonicidad muscular que, como hemos dicho antes, son efectos muy beneficiosos pero colaterales. Normalmente, profesores y profesoras jóvenes, con cuerpo atlético y bien preparado en gimnasio, provocan,  con posturas difíciles y hasta acrobáticas, la admiración de sus alumnos y alumnas, que tienen que hacer verdaderos esfuerzos para conseguir hacer medio mal lo que sus venerados instructores realizan con envidiable destreza. De vez en cuando, recuerdan -  inspiro-expiro – que la respiración es también importante, pero como un concepto aprendido, que no constituye una vivencia esencial para alcanzar la auténtica profundidad del ser.

Es cierto que cualquier disciplina física, realizada con continuidad y acompañada de una respiración más o menos correcta fisiológicamente, produce una cierta calma mental y un poco más de equilibrio psíquico. Cualquier deportista lo sabe. Pero el Yoga es otra cosa. El Yoga es una tradición milenaria que propone toda una forma de vida en la que el practicante alcanza a descubrir su yo profundo, más allá de su ego superficial y mediante la cual llega a un estado de verdadera paz interior que es mucho más que una ligera calma mental.  Las más diferentes culturas del mundo han conocido tradiciones de este tipo: Yoga u otras. Hoy día da vergüenza o risa hablar de estas cosas. ¡Huele a mística!

Cambio de postura, de ásana, hacia la postura de la “media luna” tumbado: Brazos hacia atrás sobre el suelo y lateralizados hacia la derecha y piernas lateralizadas hacia el mismo lado también sobre el suelo. Mi respiración baja hacia la zona inferior de la  parrilla costal y la pelvis en la zona izquierda. En la anterior ásana estaba más arriba. Soy consciente de mi respiración sin intervenir sobre ella, de su posición en mi cuerpo, de su intensidad y ritmo. Mi cuerpo y mi respiración son puro aquí-ahora y, por más que mi mente sigue trayendo pensamientos, imágenes, ideas y hasta emociones y obsesiones, éstas están fuera. Como el ruido de la calle. Como el olor del incienso. Las percibo perfectamente, pero están fuera; yo estoy en mi cuerpo y mi respiración.

Y ahí, entonces, empieza la preparación para la meditación. El estado de mi mente empieza a ser meditación ya, además de que luego se pueda prolongar e intensificar mediante la meditación sedente. Ese es el fin y el objetivo del Yoga; al menos el objetivo principal.

Practicamos con nuestro cuerpo, con nuestro joven o viejo cuerpo, que tiene sus achaques por la edad, los accidentes, el descuido al que le hemos podido someter a lo largo de nuestra vida. No somos, en general, yoguis desde pequeños, como en algunos casos en la India: Hemos vivido, generalmente, una buena parte de nuestra vida sin preocuparnos demasiado  por  una alimentación sana, bebiendo y fumando, aunque sea moderadamente, practicando vida sedentaria o… en fin: cada cual sabe la historia de su vida… y, además, tiene su herencia genética y su impronta de hábitos familiares y sociales. Por eso no tenemos un cuerpo puro e inmaculado en el que las maravillas que algunos prometen que el Yoga les va a proporcionar se vayan a manifestar en todo su esplendor, como  en el caso del yogui del documental sobre la India que tiene 107 años y mantiene su cuerpo magro y elástico con una flexibilidad envidiable y acredita unas constantes vitales como las de un joven de 25 años (¿Será verdad?). Sí que es cierto que la práctica del Yoga, sin duda, mejorará en todo lo posible nuestra salud física y psíquica, pero ello en la medida en que esta práctica sea algo integral: una forma de vida que incluye desde una correcta alimentación hasta la gestión del estrés y el comportamiento ético y no unas pocas horas a la semana, totalmente desconectadas del resto de las actividades vitales.

Practico con mi cuerpo, que tiene limitaciones articulares, musculares, óseas e internas. Mi cuerpo es así y es el único con el que puedo practicar. Y eso me lleva, con la atención a mi cuerpo y a mi respiración, al aquí-ahora que terminará convirtiéndose en una costumbre y un hábito para la totalidad de la vida. Y con ello… se abre la puerta de la meditación y empieza el camino de la identificación con nuestro ser profundo.

La atención al cuerpo es Ásana.

La atención a la respiración es Pranayama.

La consiguiente desconexión de los objetos exteriores que se produce a continuación es Pratyahara (Estado de conciencia de observación) Todas las solicitaciones exteriores y aún nuestro propio pensamiento “están fuera”. Yo soy testigo de mi silencio interior.

La concentración Dharana (Estado de conciencia de la concentración). Me convierto en testigo de mí mismo. Es una cognición no-dual.

En Dhyana, el siguiente paso, ya sólo hay contemplación de todo en todo. Unicidad con todo sin ego. Esto es ya la verdadera meditación.

Finalmente, se puede producir Sammadhi, el más alto estado, por encima del cual nada existe. Un estado totalmente no-dual. Hay que experimentarlo sin poder definirlo.

Y no olvidemos lo que siempre se olvida; de hecho, casi nunca se habla de ello en las enseñanzas actuales del Yoga: que antes de todas etapas anteriores (O a la vez, o después; es igual), Están Yama y Niyama: Comportamiento ético para con los demás y para con uno mismo.

Eso es Yoga.








ARTÍCULOS


     LA PELVIS

     EL YOGA Y LOS YOGAS

     SIMPLEMENTE, FREGAR LOS PLATOS

     TRADICIÓN MILENARIA

     WU WEI. O EL ARTE DE HACER NO HACIENDO





(placeholder)
(placeholder)